miércoles, 16 de diciembre de 2009

Las plantas fumables


"Ante todo, no perjudicarse"

"Todo y nada es nocivo: lo que cuenta es la dosis que ingerimos"

"Si haces restricciones, no te extrañe que notes sus efectos"

Alain Saury





Me encontré este libro por pura casualidad. Al verlo, me llamó la atención, como se la habría llamado a cualquier farmacófilo en general, especialmente a un aficionado a la poco saludable costumbre de fumar. Su contenido me sorprendió aún más: un extraño y variopinto catálogo de sustancias vegetales, todas ellas indicadas -según su autor- para ser fumadas. La lista incluye viejos conocidos, como el opio y el cannabis, pero también plantas de las que jamás había oído hablar, así como otras que nunca se me hubiera ocurrido fumar, como el girasol o el maíz. Cada planta se trata en detalle, y se describe en este orden: Sinónimos, Etimología, Historia, Descripción, Distribución, Recolección, Composición, Propiedades y Usos, Formas de Empleo, Fumación.

Es un libro sorprendente en cuanto fumar se ha convertido en una costumbre muy mal considerada socialmente, no ya digamos desde un punto de vista médico. Por eso es realmente extraño encontrar un tratado sobre plantas fumables, totalmente objetivo y sin consideraciones morales sobre la costumbre de fumar. No conozco al autor y no puedo confirmar la veracidad de sus afirmaciones, ya que atribuye increíbles propiedades médicas a una gran variedad de plantas, pero no puedo negar que, como fumador, he disfrutado leyéndolo, incluso a pesar del lenguaje ligeramente anacrónico con el que está escrito, algo incomprensible en un libro publicado en 1980.

Os dejo con el prólogo íntegro, es una excelente introducción al tema y no le sobra ni una coma. Después haré algunas consideraciones.

"Cuando se habla de tabaco, de opio o de cáñamo indio, el hecho de fumar aparece como un acto tan natural y antiguo como puedan serlo comer y beber. Excepto algunas publicaciones muy especializadas, algunos vagabundeos superficiales y extentos de espíritu crítico o ciertas publicaciones sobre las drogas en general, esta "técnica de consumo" nunca ha sido evocada como un problema real ni ha sido objeto de un estudio sistemático. El trabajo de Alain Saury sobre las Plantas Fumables es, pues, la ocasión privilegiada para puntualizar en esta materia.

El acto de fumar, para el que los ingleses han acordado el nombre de the smoking y que nosotros podríamos denominar "fumación", pertenece al conjunto a la vez complejo y restringido de las técnicas de consumo utilizadas por el hombre. Podemos proponer una clasificación sumaria:
  1. Comer, beber, mascar.
  2. Inhalar y fumar.
  3. La toma, dirigida esencialmente a la nariz.
  4. Perforaciones y picaduras, siendo la piel el medio de acceso.
Tal clasificación por zonas corporales, por "núcleos de impacto", es desde luego inexacta en la medida que no tiene en cuenta la variedad de formas de penetración referentes a las materias (sólidos, líquidos, humo, vapores, polvos, etc.), pero pone en evidencia la especificidad del grupo que aquí nos interesa (inhalar-fumar) y sobre todo su ambigüedad. Este último carácter ha suscitado, en efecto, numerosos errores e imprecisiones sobre las plantas históricas y etnológicas. Esta ambigüedad es la que quisiéramos desvelar en esta introducción.

Pueden ser inhalados tres elementos, tomando la palabra en sus sentido más amplio: olores, vapores o gases y humo.
  • Los olores llegan al cuerpo humano por difusión en el aire. No producen en principio efecto más que en el olfato. Algunos de ellos pueden provenir de la combustión de materias, como el incienso que se presenta en forma de humo. La respiración de olores es pues una técnica indirecta y difusa a la vez.
  • Los vapores o gases, utilizados con fines médicos o como drogas, son inhalados por aproximación a su fuente de emisión. Cerca de las "fumaciones", muy usadas en medicina clásica, o de las máscaras de éter se pueden situar los poppers, cuya moda nos viene de U.S.A. La inhalación, que toma aquí un sentido más limitado, es una técnica indirecta pero concentrada.
  • El humo, obtenido por combustión de materias generalmente, vegetales, puede ser inhalado (técnica indirecta) o fumado (técnica directa).
La inhalación reposa sobre un principio simple: un foco fijo al que el individuo se aproxima al máximo para captar el humo.

El hecho de fumar implica, por el contrario, un desplazamiento del objeto fumable hacia el hombre. Permite una cierta movilidad y una mayor concentración, pero precisa técnicas relativamente complejas: pipas, cigarros, puros.

No vamos a entrar aquí en las polémicas habituales sobre la historia del acto de fumar, y en particular de la pipa. Diremos solamente que muchos errores son debidos al manejo demasiado precipitado de fuentes arqueológicas inciertas. Prevenimos, además, de que lo expuesto aquí va a contracorriente de juicios establecidos, y contradice los trabajos de algunos arqueólogos (los primeros desvaríos sobre la antigüedad de la pipa remontan en Francia a 1856).

En el mundo antiguo (Europa, Asia, África) antes del descubrimiento de América, la única técnica conocida era la inhalación. Sin embargo era tan poco utilizada (por ser poco eficaz) que siempre es descrita por los cronistas, viajeros o médicos como una práctica excepcional y sorprendente. Así en el caso de Heródoto, que describe el uso del cáñamo por los escitas, o de Plinio, aconsejando la inhalación del humo de las plantas y proponiendo una técnica que calificaba de extraña.

Con la excepción quizá de ciertas regiones de Etiopía donde se encuentran ciertos vestigios del siglo XIV, la pipa es un objeto desconocido hasta el siglo XVI. Por otra parte, el uso del cáñamo o el opio es evocado en este período en forma de bebidas o preparaciones alimenticias.

En cuanto al tabaco, es patrimonio del Nuevo Mundo. En 1930, Berthold Laufer, director del Field Museum de Chicago, pone en cuestión la tradición de la eternidad de la pipa: "ninguna evidencia histórica permite establecer la opinión según la cual la costumbre de fumar cáñamo ha precedido a la de fumar tabaco (en el mundo antiguo). Ni en la antigua India, de donde el cáñamo es originario, ni en el mundo islámico encontramos la menor manción de tal práctica antes de la introducción del tabaco. Es verdaderamente cierto que la moda de fumar cáñamo en pipa nace únicamente por imitación de prácticas tabáquicas. Antes, las preparaciones de cáñamo eran ingeridas en forma de píldoras."

Nada ha venido hasta ahora a contradecir estas líneas.

Incluso en América, lugar de origen del tabaco, se ha comprobado que la difusión de la pipa era un fenómeno limitado y progresivo antes de la llegada de los europeos. Por lo tanto hay que considerar la pipa, y posteriormente el cigarro y el puro, como fenómenos históricos, como técnicas que han seguido los rumbos caprichosos de los movimientos humanos y han conocido evoluciones precisas. Al período de difusión (logado a las exportaciones y colonizaciones de los siglos XVI y XVII y sobre todo al comercio de esclavos) ha sucedido un período de evolución, es decir, de adaptación.

Por una parte, la inhalación primaria del humo desaparece donde existía. Por otra, mientras la "fumación" del tabaco se adaptaba a las tradiciones y costumbres de los pueblos a los que llegaba, otros productos favorecieron pronto la nueva técnica e introdujeron diversas modificaciones. ASí, por ejemplo, el fogón de la pipa disminuyó. Este hecho de importancia parece haber pasado desapercibido: asistimos, en efecto, a una equilibración progresiva pero rápida (de medio siglo a un siglo) entre el volumen de los fogones y la cantidad "óptima" de materia fumable, equilibrio que depende de numerosos factores: economía (rareza y precio del producto), control de depósitos de alquitrán, fuerza y acritud, efectos deseados, rapidez de combustión, etc.

Si exceptuamos algunas pipas africanas (Camerún), cuyas tallas son igualmente proporcionales a la riqueza o poder de sus propietarios, el fogón parece corresponder a una dosis comprendida entre dos extremos: un mínimo de producto para obtener un efecto sensible y un máximo más allá del cual la "fumación" completa de la dosis no es inmediatamente repetible. Para un mismo producto de uso frecuente como el tabaco, el cáñamo o el opio, las variaciones entre los fogones de grandes y pequeños fumadores de una misma región son, por otra parte, relativamente mínimas.

Después de este brevísimo panorama, habría que hablar de la aparición de la "fumación" en la medicina occidental. Por el momento, parece que las plantas fumables ocupan un lugar insignificante y no han tenido más que apariciones episódicas desde hace cuatro siglos. En todo caso, han sufrido connotaciones peyorativas que van ligadas a la idea de fumar. Podemos esperar que la obra de Alain Saury aporte una image más justa de la realidad.

Frédéric Edelmann


Quiero ampliar esta introducción con un par de ideas esenciales que a mi juicio deberían estar incluidas en este prólogo.

En primer lugar, hecho de menos la mención de las ventajas y desventajas de la "fumación" respecto a otras vías de administración, por ejemplo, respecto a la vía oral, que es la más común y popular. La respuesta es inmediata: la velocidad con que los alcaloides de las plantas llegan al cerebro y podemos disfrutar de sus efectos es mucho mayor a través de los pulmones que del estómago. Esto permite un mayor control en la dosificación, ya que podemos medir inmediatamente los efectos de la planta sobre nuestra consciencia, y decidir en consecuencia si deseamos aumentar la dosis o quedarnos donde estamos.

Al utilizar la vía oral, como por ejemplo al beber alcohol, debemos esperar a que nuestro sistema digestivo metabolice la sustancia ingerida, por lo que pasará un tiempo considerable desde que ingerimos la sustancia y notamos sus efectos. Esta es la causa principal de que el alcohol produzca tantas muertes por sobredosis, algo que nunca a sucedido con una sustancia fumada, como el tabaco, a pesar de que su toxicidad también es muy elevada.

La segunda idea que quería aportar a este prólogo se debe al lógico progreso de la tecnología también en las formas de fumar una sustancia. Debemos dar las gracias a la cultura desarrollada en torno a la planta del cannabis, que ha realizado numerosos avances tanto en el cultivo como en el uso de esta planta milenaria.

La vaporización consiste en pasar una corriente de aire con vapor de agua a alta temperatura a través del extracto vegetal que deseamos vaporizar. Este aire húmedo y caliente se impregna con los alcaloides de la planta y permite su posterior inhalación por parte del usuario sin ningún prejuicio para sus pulmones, ya que al eliminar la combustión no se generan las sustancias cancerígenas asociadas al acto de fumar. La vaporización, por tanto, es una vía de administración inocua en sí misma, que permite la adminstración de una sustancia vegetal de forma rápida y limpia, sin efectos secundarios adicionales. Es sin lugar a dudas un avance increíble en las técnicas para fumar, que tanto Edelmann como Saury habrán celebrado convenientemente.

Para terminar con este extenso artículo, os dejo con la lista de plantas que trata el libro de Saury.

Es una lista sorprendente.


5 comentarios:

Angus dijo...

Me gusta lo que has escrito.

kekerekeike dijo...

Un buen aporte, muchas gracias lo utilizare.

kekerekeike dijo...

Muy buen aporte, lo utilizare.

Carolusant dijo...

Muy interesante, me encatarìa que me proporcionaran un link para descargar dicho libro.

Rosa maria González Álvarez dijo...

Me parece muy acertado este libro. Tanto en hiatoria como en informacion. Ya que pienso que el fumar no deberia provocar tantas muertes, sino lo hubiesen convertido en veneno puro y que las grandes industrias farmaceúticas y tabacaleras han hecho su gran fuente de riqueza. Muy bueno el libro.