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martes, 20 de octubre de 2009

La muerte del ego

El ego es un concepto difícil de definir, al tratarse de un fenómeno psicológico que solemos identificar con la totalidad de nuestra mente. En realidad se trata tan solo de una herramienta extremadamente útil, aunque si se nos va de las manos puede convertir nuestra vida en una pesadilla.

La función principal del ego es la de otorgar el sentido de continuidad e identidad personal a través de la vida, el sentido de que somos una entidad separada e independiente del resto del cosmos. Cuando decimos que somos extrovertidos, tranquilos o alegres estamos enumerando características de nuestro ego, nuestro yo consciente y racional.

Como todos los productos de la razón, el ego es un conjunto de ideas. Estas ideas condicionan nuestra percepción de la realidad, igualmente recurrimos a estas ideas a la hora de tomar cualquier tipo de decisión, mientras mantenemos una conversación, etc. Esas ideas sobre nosotros mismos se han ido formando a lo largo de nuestra vida, modelándose con nuestro aprendizaje y experiencia hasta convertirse en lo que nosotros somos, o más exactamente, lo que pensamos que somos.

El papel de esta herramienta parece fundamental en nuestra vida cotidiana. Nos ayuda a clasificar la realidad que percibimos (me interesa, no me interesa) y a valorarla (esto es bueno, esto es malo) a partir de nuestros conocimientos previos; lo empleamos, en definitiva, para cualquier proceso racional. El problema surge cuando esas ideas se vuelven nocivas y nos arrastran a acciones -o inacciones- terriblemente perjudiciales para nuestra felicidad y realización personal. Ocurre por ejemplo cuando nos convencemos a nosotros mismos de que somos tímidos, vagos o tristes y nos aferramos a esa idea para justificar nuestros actos.

Las ideas son ficciones de la mente. El mundo de las ideas no tiene por qué tener correspondencia con la realidad fenomenológica -el mundo real- y pocas veces se aproxima a ella. El principal motivo de esta falta de correlación entre las ideas y los fenómenos es que las primeras son rígidas, inmutables y absolutas, mientras que los últimos son cambiantes y relativos. Podemos creer que somos tímidos por algunas situaciones vividas, pero debemos comprender que eso no tiene por que condicionar el resto de nuestra vida.

La muerte del ego -también conocida como disolución del ego- es un proceso cuyo fin es destruir totalmente cualquier idea que tengamos de nosotros mismos, abandonar todo prejuicio acerca de lo que podemos o no podemos hacer y alcanzar una visión del mundo y de uno mismo completamente fluída y adaptable a cada instante. Muy pocas personas son capaces de alcanzar este estado de consciencia de forma permanente, siendo más habitual el experimentarlo de forma temporal -tras un arduo proceso de meditación o mediante el uso de fármacos psiquedélicos- y volver a "recuperarlo" al terminar la experiencia, aunque considerablemente transformado.

El entrenamiento o preparación necesarios para alcanzar este trascendente estado psicológico es simple, aunque costoso de llevar a cabo. Pasa por dejar de tomarse en serio las ideas que tenemos de nosotros mismos y poner en duda cualquier prejucio personal; también es necesario hacer un ejercicio de genealogía de las ideas: ¿por qué pensamos lo que pensamos? ¿qué sucesión de hechos y/o ideas anteriores nos ha llevado a creer en este aspecto de nuestra personalidad? Las respuestas a estas preguntas nos a ayudarán a darnos cuenta de que las ideas que conforman nuestro ego vienen de alguna parte, se fundamentan en sucesos y no son en absoluto inmutables y ajenas a la realidad.

La experiencia en sí misma no suele ser agradable. El ego se resiste a morir y nos bombardea con ideas negativas acerca de lo que está ocurriendo. Pocas veces he estado cerca de completar esta experiencia, y cuando lo he hecho mi ego ha logrado sobrevivir aferrandose a ideas absurdas, tratando de mantenerse en pie haciéndome creer en mi propia muerte o en la locura absoluta; en el fondo se trata del temor primario e irracional a lo desconocido.

Os dejo con el fragmento de un texto de Osho, un místico oriental contemporáneo.

Me siento asombrado continuamente por la gente que viene a mí y que me dice que teme al amor. ¿De dónde proviene este temor al amor? Se debe a que cuando realmente amas a alguien tu ego empieza a desaparecer y a fundirse. No puedes amar con el ego, el ego se convierte en la barrera. Y cuando quieres destruir la barrera, el ego te dice, «Esto se convertirá en una muerte, ¡cuidado!»

La muerte del ego no es tu muerte. La muerte del ego es en realidad tu posibilidad de vida. El ego es simplemente una cáscara sin vida a tu alrededor. Tiene que ser hecha pedazos y tirada. Surge de forma natural, del mismo modo que cuando un transeúnte pasa, el polvo se deposita sobre sus ropas, sobre su cuerpo y ha de darse un baño para limpiarse de ese polvo.

Al movernos en el tiempo, el polvo de las experiencias, del conocimiento, de la vida vivida, del pasado, se acumula. Ese polvo se convierte en tu ego. Al acumularse, se convierte en una cáscara que ha de ser rota y tirada. Uno se ha de bañar continuamente, cada día, de hecho, a cada instante, de forma que esta cáscara nunca se convierta en una prisión. El ego teme al amor porque en el amor la vida alcanza una culminación. Pero siempre que hay una culminación de la vida también hay una culminación de la muerte. Van de la mano.

miércoles, 15 de julio de 2009

Alucinaciones

En contra de lo que habitualmente se suele decir, los fármacos psiquedélicos, tambíen mal llamados alucinógenos, no suelen producir alucinaciones, al menos no en la mayoría de las situaciones y para la mayoría de usuarios. Provocan, desde luego, profundas alteraciones en la percepción y en la consciencia, pero no acostumbran a "engañarnos" mostrándonos fenómenos que no existen en absoluto.

En mi modesta experiencia con este tipo de sustancias, que se reduce a poco más de una docena de "viajes", tan solo en una ocasión tuve percepciones de cosas que no existían, como pude contrastar posteriormente. Estas percepciones son extremadamente reales y pueden afectar más de un sentido; por ejemplo, en aquella ocasión, además de ver algo que no existía, pude tocarlo con mis propias manos en un vano intento de comprobar su existencia, cuando lo único que comprobé fué la intensidad de mi alucinación.

Mi opinión acerca de estos fenómenos psicológicos es bastante negativa. La distorsión de la realidad es una consecuencia fisiológica de los cambios químicos producidos en el cerebro al introducir en él sustancias que alteran su equilibrio químico y que modifican -amplificando o disminuyendo- la actividad de diversas zonas del cerebro. La realidad observada en este estado de consciencia es la misma, somos nosotros los que hemos cambiado, por tanto lo que observamos es esencialmente verdadero: simplemente lo estamos viendo con un enfoque distinto. Las alucinaciones, en cambio, son falacias de nuestros sentidos, mentiras que nuestro cerebro crea para autoengañarnos. ¿Por qué se producen estos fenómenos?

La proyección es un fenómeno ampliamente estudidado en psicología. Viene a explicar que las personas filtramos la realidad de forma diferenciada, de forma que cada individuo proyecta su propia personalidad revistiendo aquello que percibe de su genuino barniz de prejuicios, ideas preconcebidas, miedos, etc. Si estas ideas tienen la intensidad suficiente, pueden desencadenar acciones terribles y totalmente infundadas; piense, por ejemplo, en los celos, muchas veces causados por una percepción errónea, sesgada por la predisposición del individuo a ver lo que no existe, fruto de su mente manipuladora.

Creo que los fármacos psiquedélicos son capaces de potenciar estos fenómenos de la mente; bajo sus efectos la imaginación se dispara, y la capacidad de proyección se vuelve ilimitada, hasta el punto de que somos capaces de crear representaciones físicas sacadas de nuestro subconsciente y tomarlas por reales, con el peligro que ello conlleva.

Este tipo de experiencias aún tienen un importante valor educativo: Sirven para conocer qué es lo que nuestro subconsciente nos está ocultando; si descubrimos el origen de la alucinación, su significado, podremos al menos conocer y asumir cuál es el problema, momento en el que tendremos la posibilidad de solucionarlo.

jueves, 25 de junio de 2009

Doble consciencia

Este estado mental es -al menos para mí- bastante insólito, es una experiencia que sólo he disfrutado una vez, bajo los efectos del 2CB, y ha sido en este estado mental donde he averiguado más sobre mí mismo y mi manera de interpretar la realidad.

Me encontraba en la playa, de noche, hablando con un desconocido. Nos habíamos quedado solos y yo ya llevaba algunas horas viajando a mucha intensidad, por lo que estaba más relajado y mis procesos mentales parecían haber vuelto a la normalidad. Razonaba con considerable lucidez, de otro modo no habría sido posible hablar de cosas coherentes.

En un momento intederminado de la conversación, algo inquietante ocurrió. Mis palabras y todos los procesos mentales subyacientes pasaron a una especie de segundo plano, escuchaba y respondía de forma automática, inconsciente, pero aún así el diálogo continuaba siendo coherente. Era como si mi consciencia se hubiera desplazado hacia arriba y pudiera observarnos hablar desde fuera, como si yo mismo fuese una tercera persona dentro de mi propia cabeza, analizando mis propios actos mentales necesarios para mantener la conversación.

Ahí estaba yo, dentro de mi propia cabeza, pero observándome desde la distancia, viéndome escuchar e interpretar información, formar pensamientos que terminaban convirtiéndose en respuestas, todo ello sin mi intervención directa, como si el razonamiento fuera un proceso inconsciente más, como respirar o hacer la digestión.

Mientras estuve en este estado de observador, aprendí muchas cosas acerca de cómo pienso, cómo elijo lo que voy a decir de entre todo lo que estoy pensando, cómo oculto información intencionadamente al hablar o emito juicios interiores; es algo que todos hacemos de forma inconsciente, pero en ese momento, pude ver mi pensamiento verbal y me admiré de lo complejos que somos.

domingo, 14 de junio de 2009

Sensaciones y emociones amplificadas

Otro de los estados no ordinarios de consciencia que me fascinan, debido a lo inusual de sus efectos, es el producido por ciertas sustancias que los técnicos se apresusaron a etiquetar como empatógenas y entactógenas, ésto es, que son capaces de amplificar las sensaciones y los sentimientos.

Mi experiencia en este estado se reduce a esporádicos usos de MDMA, además de otros viajes aún más esporádicos con 2CB; describiré los efectos subjetivos de la primera, ya que la segunda es una substancia aún más compleja, y merece una entrada aparte. En las siguientes líneas, cuando hablo en tercera, persona me estoy refiriendo a experiencias observadas de cerca, entre mis compañeros/as de viaje, que luego he podido contrastar y corroborar una vez acabados los efectos.

Al ser administrada en forma de cápsula, la MDMA actuó de forma bastante brusca; en un instante estás normal, expectante, y de golpe sientes un fuerte mareo, malestar, debilidad y náuseas. Esta "bajada a los infiernos" dura unos pocos minutos, aunque pueda parecer mucho más tiempo. Es posible evitar este desagradable golpe mediante una administración gradual, por ejemplo diluyendo el fármaco en la bebida. Recuerdo estar en este mismo estado en una sala cerrada y mal iluminada, abarrotada de gente, esperando a que empezara un concierto. Con el primer acorde terminó el malestar y comenzó la "subida".

Una vez terminados estos efectos desagradables -si es que se producen- la sensación es de energía, bienestar y alegría. La música y cualquier otro agente externo produce una fuerte impresión, eres capaz de sentir con más profundidad las texturas y ritmos sonoros. En este tipo de ambientes -música, baile, etc- el éxtasis produce una increíble sensación de comunión con la gente que hay a tu alrededor; la confianza entre las personas, ese extraño fenómeno que habitualmente requiere de enormes esfuerzos (¡y tiempo!) para que se produzca, surge espontáneamente entre gentes desconocidas, que en otras circunstancias ni siquiera se mirarían a los ojos.

Pero no es en estos lugares donde se extrae el máximo partido a este estado de consciencia, sino en un ambiente tranquilo, acompañado de personas con las que deseas estrechar lazos; por este motivo se ha defendido su uso terapéutico.

Desconozco si existe algún método para alcanzar este estado mental sin ayuda química externa. ¿Alguna sugerencia?




martes, 9 de junio de 2009

Percepción aumentada

Voy a exponer los estados no ordinarios de consciencia, tal y como los he experimentado, por lo que no estoy hablando en términos absolutos, sino más bien en plan cuaderno de bitácora del viajero de la psique. El orden es irrelevante, no hay grados ni clasificaciones, simplemente el estado y el camino utilizado para alcanzarlo.

La percepción aumentada consiste en una intensificación de las impresiones provenientes de los sentidos, tanto externos como internos. Puede afectar a uno o más sentidos, dependiendo de la afinidad de la persona hacia ese tipo de percepción; en mi caso es la percepción visual la que se ve más afectada: colores más vivos, formas más definidas e integradas en una especie de conjunto pictórico, aumento en la profundidad de la imagen... otras personas que conozco ven aumentado su sentido del olfato, o del oído. Obviamente la conducta se ve modificada hacia un estado contemplativo y silencioso, los procesos verbales se reducen a ideas fugaces o breves comentarios.

Es un estado relativamente sencillo de alcanzar, incluso sin ayuda química. Para ello es necesario cierto entrenamiento y predisposición; es necesario provocar la actitud contemplativa, pasear por el bosque es una buena opción para alcanzar el estado de ánimo adecuado. Durante el paseo (meditación dinámica lo llamaría Osho) debemos realizar una respiración energética, inspirando lentamente desde el diafragma y expirando rápidamente, para favorecer la oxigenación.

La forma más directa de inducir este estado es mediante una dosis baja de cualquier psiquedélico puro: psilocibina, mescalina, LSD... o incluso usando marihuana de buena calidad y en dosis moderadas. Mis preferencias son sin duda hacia los hongos, de fácil cultivo y dosificación. No recomiendo en absoluto recurrir al mercado negro, nunca.