jueves, 17 de septiembre de 2009

Drogas y Sexo

El Sexo

El sexo es un aspecto esencial para una vida física y psicológicamente sana. Su práctica libre y voluntaria es una de las principales fuentes de satisfacción de nuestra vida, en otros aspectos tan aséptica e impersonal. Por desgracia, los fundamentalismos monoteístas que han modelado la realidad en último par de milenios la han convertido en anatema, rodeándola de secretismo que aún hoy, cuando en otros aspectos de nuestra existencia hemos desechado los prejuicios y supersticiones religiosas, en este aspecto continuamos sin ser totalmente libres. Buenos ejemplos de ello es la preponderancia de la monogamia, el caracter "pervertido" de cualquier manifestación pública de sexualidad, y en definitiva la falta de diversidad en gustos e inclinaciones.

Por suerte eso está cambiando, aunque sigamos a años luz de las culturas de la antiguedad, donde el sexo estaba totalmente integrado en la vida cotidiana e incluso se le otorgaba un marcado carácter espiritual. Tanto las bacanales romanas en occidente como los rituales tántricos en oriente eran rituales sexuales con la finalidad de alcanzar un estado no ordinario de consciencia, el cual se interpretaban como una comunión con los dioses (occidente) o un contacto con la consciencia universal (oriente). Por otro lado, las tradiciones taoístas estudiaban el sexo como fuente de salud, capaz de aumentar la longevidad y mejorar la calidad de vida.

Una prueba palpable del interés arcáico y universal por el sexo es la creencia de que ciertas sustancias, conocidas como afrodisíacos, son capaces de prolongar el acto sexual o convertirlo en una experiencia más intensa y significativa. Es cierto que muchas de las sustancias consideradas tradicionalmente como afrodisíacas carecen de propiedad biológica alguna, y sus efectos se deben tal vez a las fuertes creencias supersticiosas de sus usuarios y al efecto placebo asociado a ellas. También existe la creencia común de que ciertos alimentos pueden tener estas propiedades; evidentemente la buena alimentación favorece un estado físico más favorable al ejercicio sexual, sin embargo no podemos hablar de efectos biológicos a corto plazo al ingerir uno u otro alimento, por lo que el factor sexual de estas comidas "picantes" debe ser fundamentalmente psicológico.


Las Drogas

Afortunadamente sí existen los afrodisíacos. Ateniéndonos a su definición, es necesario que sean sustancias capaces de alterar el organismo, por lo que es esencial que se trate de fármacos. Entre las distintas familias farmacológicas, una de ellas no tiene ningún interés en este campo; se trata de los sedantes, que inhiben tanto el deseo sexual como cualquier otra actividad física. Es curioso como el alcohol se cuela entre los afrodisíacos tradicionales, cuando sus efectos son depresores del sistema nervioso y por tanto sólo pueden degradar la experiencia, su uso sólo se justifica como desinhibidor de miedos y prejuicos, algo que recomiendo superar previamente a la experimentación sexual abierta y sincera. Nos quedan pues dos familias con una posible utilidad en el aspecto sexual de nuestra vida.

Los estimulantes aumentan el rendimiento de nuestro organismo forzándolo a trabajar a un ritmo superior al habitual, por lo que siempre se han considerado buenas herramientas, no ya para aumentar el deseo y el placer sexual, sino más bien para aumentar la resistencia y prolongar el acto. Muchos de ellos son afrodisíacos tradicionales, como el cacao -que contiene teobromina- o el café, aunque este último no lo recomiendo por lo indigesto que puede resultar. También es bastante popular, al menos entre ciertos círculos, el uso de cocaína para prolongar el acto sexual, lo cual desaconsejo enormemente ya que este fármaco también tiene importantes propiedades anestésicas, produciendo tal insensibilidad física que es imposible gozar razonablemente de la experiencia más allá de la pueril satisfacción psicológica.

Llegamos por fin a los psiquedélicos, poderosos catalizadores capaces de transformar la consciencia y modificar la percepción. Un ejemplo bastante popular de este tipo de sustancias sería el cannabis, una sustancia con innegable potencial erótico debido a su capacidad para amplificar la percepción de la realidad, romper las convenciones sociales y despertar la sensibilidad física, muchas veces adormecida a causa de una vida excesivamente impersonal y telemática. Obviamente las dosis deben ser moderadas, en caso contrario corremos el riesgo de olvidarnos totalmente de lo que teníamos planeado y acabar haciendo cualquier otra cosa.

Cualquier psiquedélico puro -psilocibina, mescalina, LSD- es un buen candiato para la experimentación sexual; sus inexistentes efectos fisiológicos no deseados combinados con la explosión sensorial y emocional que acompaña su uso los convierten en afrodisíacos excelentes, aunque sólo los recomendaría a personas con cierta experiencia en el uso de dichas sustancias, conocedores de los oscuros rincones de su psique; en las primeras experiencias con estos fármacos es difícil dejar de percibir con estupefacción el flujo de la realidad a nuestro alrededor, más difícil aún abandonar el estado contemplativo para investigar los misterios de la sexualidad amplificada. Dicho llanamente, es bastante probable que tu interés por el sexo desaparezca totalmente cuando te encuentres en mitad de tu viaje.


El futuro

Si alguna vez llega a encontrarse algo que sin lugar a dudas pueda considerarse como un afrodisiaco efectivo, probablemente será diseñado a partir de la estructura la 2C-B. O al menos esas fueron las palabras del eminente químico Alexander Shulgin en su libro PIHKAL, un ejemplar a caballo entre el tratado de química orgánica y la autobiografía. Esta sustancia combina los efectos psiquedélicos con un fuerte componente empatógeno similar al del éxtasis, lo que la convierte en un extraño híbrido con inusitadas propiedades sexuales.

Si alguna vez llega a encontrarse algo que sin lugar a dudas pueda considerarse como un afrodisiaco efectivo, probablemente será diseñado a partir de la estructura la 2C-B. O al menos esas fueron las palabras del eminente químico Alexander Shulgin en su libro PIHKAL, un ejemplar a caballo entre el tratado de química orgánica y la autobiografía. Esta sustancia combina los efectos psiquedélicos con un fuerte componente empatógeno similar al del éxtasis, lo que la convierte en un extraño híbrido con inusitadas propiedades sexuales.

Al contrario que los fármacos visionarios comentados con anterioridad, los efectos subjetivos del 2-CB tienen un marcado componente físico fuera de lo común; parafraseando a Escohotado: abriendo a la vez puertas de la percepción y del corazón, promueve un rendimiento genital raras veces alcanzado con ninguna droga del grupo visionario, y menos aún con los llamados entactógenos.

Tuve ocasión de experimentar con esta sustancia hace algún tiempo; después de haberla probado en un ambiente lúdico, decidí compartir la dosis que me quedaba para comprobar su potencial como afrodisíaco. A pesar de que la dosis era muy baja, fué una experiencia digna de ser recordada. Espero que los químicos futuros se esfuercen en desarrollar y descubrir nuevos fármacos capaces de arrancarnos de esa mediocridad tan humana y elevarnos más allá de nuestros más oscuros deseos.

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